Presencia de Pilar Castañeda
Por Jorge Juan Crespo de la Serna
Enero de 1974
La generación actual de artistas plásticos de México está llevando a cabo una importante renovación, tanto en el tratamiento de la parte conceptual como en las herramientas que se necesitan para su concreción plástica. En esto no cabe duda que se descubren huellas del proceso mundial de mutaciones y teorías que de ello se derivan.
En quienes pongan en esta labor un espíritu libre y honrado surgirán lógicamente coincidencias y afinidades, que si bien se incorporan en parte a ese proceso, encontrarán al mismo tiempo sus propias voces. Pilar Castañeda es una de las artistas nuestras que reúne felizmente ambas premisas en una categoría destacada. La firme y entusiasta entrega a las artes plásticas ha sido recompensada con una creciente superación, que la ha llevado a alcanzar hoy una situación de madurez verdaderamente envidiable.
No ha arribado a esto de improvisto, ni mucho menos. Con la conciencia de labrarse, desde un principio, el lenguaje que resumiera las inquietudes experimentales de la época y al mismo tiempo lo correspondiente a sus propios designios e ideas, su tarea ha tendido, pues, a una tenaz depuración y con ella al hallazgo de una personalidad bien definida.
Los días de laboratorio han sido feraces. Aquí y allá aparecería, de pronto, una Pilar Castañeda en que el impulso espontáneo y el conocimiento de los imponderables iban desgarrando ciertos velos que aún ocultaban los más huidizos resortes de la ansiada transformación.
Fruto de su experiencia cotidiana y de su vertebración a una suerte de neorrealismo de carácter mundial, sus obras del momento recogen muchos de sus aciertos anteriores en composición y en armonía, pero al mismo tiempo se observan rasgos esotéricos que convierten sus figuras en seres que hablan un lenguaje nuevo de gran significación.
Todo esto constituye un mundo en que las formas naturales quedan cambiadas en seres y cosas, producto de una voluntad de metamorfosis, hija de rica fantasía. En la figura humana domina una especie de hieratismo estático, de tipo mágico. Este espíritu de misterio y de metástasis unitaria está presente en las imágenes de animales, pues en ellos se advierte muy bien la situación de la metamorfosis biológica que crea al nagual o a otro ser no muy alejado de lo antropoideo. El colorido y la textura se complementan y originan una estampa de calidad térrea. No deja de emplear en ocasiones el efecto de los planos.
El “collage” en Pilar Castañeda es una de sus formas de expresión, pues se trata de una pintora completa. Sus paisajes al oleo son una muestra de fuerza y colorido insuperables.